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lunes, 26 de agosto de 2013

Garbancito y el Duende - Un Cuento de Aniversario

Erase una vez, concretamente un 25 de Agosto de 1964, que nació sin querer un niño muy especial. Los médicos no habían visto jamás nada igual y pensaron que moriría: su corazón era el doble de grande que el de los otros niños, tanto, que le sobresalía del pecho. Pero no murió, no. 

El día que nació, su madre Isabelita y su pare Josepet decidieron que amarían a aquel niño tuviera la forma que tuviera, lo llamarían Manolito y lo convertirían en un hombre bueno. 

A medida que se iba haciendo grande alto y fuerte, el niño, a quien sus padres y amigos llamaban irónicamente “Manolito el Garbancito”, juntamente con su hermano pequeño, a quien llamaban “Santiaguito Piolín” se hizo famoso en la escuela por su inteligencia y buen sentido del humor. 
A veces, los otros niños se reían cuando veían que, bajo el pecho de su camiseta se adivinaba alguna forma extraña y eso hacía que Manolito entristeciera un poco, pero Piolín no le daba tiempo a pensar en los demás, entre los dos planeaban y hacían muchas travesuras. 

El día de su primera comunión  mientras sus padres bailaban y Piolín estaba discutiendo con los camareros sobre el sentido de la existencia de los cacahuetes, Manolito vio como un ser diminuto paseaba por entre las sillas y las mesas robando comida, y, cuando notó que lo estaba mirando, huyó por una puerta hacia los lavabos. Manolito, curioso, lo siguió. 

Cuando lo encontró, lo vio sentado sobre una taza de váter  contando todos los tesoros que había conseguido. No huyó de él al verlo, sino que se lo quedó mirando. Sus ojitos eran curiosos y codiciosos, y se fijaron un rato en su mano izquierda. "Hola muchacho" - dijo-"Soy el Duende de los Deseos. Puedo hacer cualquier deseo realidad si me das un buen tesoro a cambio ". Al principio, Manolito, no se lo creyó. 

Pero hablando y hablando, al final, el Duende le convenció. Era lo suficientemente mayor como para razonar, y le pidió al Duende que le escondiera el corazón para que la gente no se riera más de la forma curiosa de su pecho. Y, dicho y hecho, el Duende puso una mano en el pecho de Manolito y aquel corazón se movió de una manera dentro del cuerpo que ya nunca más se vería a simple vista. A cambio, dio al Duende el anillo de oro que había recibido ese mismo día. Pasaron unos años y Manolito se convirtió en Manuel. 

Manuel era un chico normal, si no tenemos en cuenta que, junto con Santi (ya nadie se atreve a llamarle Piolín excepto Manuel), eran los chicos más altos del barrio y, quizás, de la ciudad. 
En su época de instituto, comenzó a desarrollar dos pasiones: el deporte y la música. Con un grupo de amigos jugaba a baloncesto y aunque no ganaba siempre, lo pasaba muy bien. Además, con unos pequeños ahorros que tenía se compró una guitarra con la que intentaba enamorar las chicas del barrio tocando el "Romance Anónimo" (Aunque sólo enamoraba a su madre Isabelita).

Pero el instituto no era lo que quería. Tenía ganas de ser independiente, de poder comprarse cosas, ser el dueño de su vida. Quería un trabajo.

El Duende volvió a aparecer para lograr sus sueños. Esta vez le dijo que tenía que renunciar a vivir sus pasiones, si quería tener un trabajo.

Así que, como muestra de sacrificio, le pidió la púa de su guitarra. Él se encargaría de saber si le hacía caso o no.


En poco tiempo, Manuel trabajaba en la Caja de Terrassa. Los ratos que tenía libres los pasaba en buena compañía. Lo cierto es que, aunque tuviera el corazón bien escondido, Manuel tenía tanta cara de buena persona que nadie podía desconfiar de él, y hacía muchos y muy buenos amigos.


A veces salía por las noches con grupos diferentes: algunos del instituto, otros de la escuela, otros que eran amigos de amigos y se habían hecho más amigos ...


Un día, su amigo Manolín consiguió que el grupo pudiera entrar en el castillo en el que se celebraba el Baile de Princesas.

Manuel se fijó en ... en todas, pero la que más le llamó la atención era una que lucía un vestido azul, que no paraba de reír con sus amigas y que, cuando se dio cuenta de que la estaba mirando, en vez de girar la cara como casi todas, le sonrió con timidez. En ese momento, su corazón, que ya era grande, se hinchó como un pavo real. Le preguntó a uno de los invitados el nombre de aquella princesa y éste, mirándolo con asco, porque ni Manuel ni sus amigos iban bien vestidos para una fiesta de gala, le dijo que aquella era la princesa Ana, hija del rey de Roma.

Cuando los bailes comenzaron, Manuel se fijó que el Duende de los Deseos se paseaba por debajo de las faldas de las princesas, y lo empezó a perseguir haciendo el ridículo más grande que había hecho hasta ahora: levantando faldas, agachándose bajo las mesas haciendo caer la cena por todas partes ... Finalmente le pilló, como no podía ser de otra manera, en los lavabos del castillo.

Le pidió, por favor, que le concediera el deseo de conquistar la princesa Ana, que haría lo que fuera, le daría cualquier tesoro que quisiera. El Duende, sonriendo, dijo: "Manolito, Garbancito, cuánto tiempo sin verte, y ahora me pides algo mucho más difícil que la última vez. Está bien, acepto el trato. Ahora no quiero nada de ti, pero cuando quiera, vendré y te pediré un favor y no podrás decirme que no ".

Manuel, ya más seguro de sí mismo, corrió hacia la pista de baile donde estaba la princesa y, apartando bruscamente a una chica de su lado, miró a los ojos y le pidió para "salir" con él. Los ojos, abiertos como platos de la princesa, lo miraba con sorpresa y algo de miedo, y como todo el mundo los miraba, se ruborizó y huyó hacia el jardín del castillo.


Manuel, irritado porque el Duende no había cumplido su deseo y porque todo el mundo había visto el ridículo que había hecho, decidió irse de la fiesta. Cuando estaba a punto de coger su Vespino, notó que alguien lo miraba. Se volvió, ya unos tres metros de él, medio escondida, estaba la princesa Ana, que se sonrojó cuando vio que la miraba. No hace falta decir que Ana le dijo que sí, y durante mucho tiempo fueron la pareja más bonita de toda la ciudad.

Pasado un tiempo, el día de su boda, el Duende regresó. Manuel había ido a hacer pis y quería ir rápidamente a la pista de baile con su mujer, pero el Duende no le dejó: "¿Dónde vas, Garbancito?"-Le dijo - "Tenemos una cuenta pendiente, tú y yo . Si no quieres que la princesa Ana abandone la fiesta y no vuelva a verte nunca más, me tendrás que devolver el favor que te hice. Esta vez, ya tienes un buen trabajo en la caja. Quiero dinero. Quiero que me des siempre un 20% de lo que cobres al mes, lo dejarás en una cajita cerca de la chimenea, y lo recogeré cuando no estés ".

Claro, el pobre Manuel ya no podía echarse atrás. Amaba a Ana como no había querido a nadie, y sólo el hecho de pensar que la abandonaría le hacía tanto daño en el pecho que pensaba que de un momento a otro caería muerto. Así que los años siguientes pasaron con menos dinero del que ganaba, pero sin que les faltase de nada.


Fueron a vivir al castillo de la princesa Ana (Manuel se sorprendió al ver tantos posters de los Beatles en un castillo) e iban cada domingo al Sosiego a comer paella con los padres de Manuel y Santi. Pasados ​​unos años de la boda, y tras descubrir que su suegra era en realidad una espía internacional que había sido encarcelada por tráfico de recetas de cocina, Manuel y Ana tuvieron una hija y luego un hijo.

Ella heredó la pasión de sus padres por la música, y él creció y creció y creció hasta convertirse en un muy buen jugador de baloncesto, ya que sus poderes telepáticos hacían que no necesitara hablar para que los otros jugadores supieran que quería hacer.

Se llamaban Elia y Dani. El día del bautizo de Elia, en Can Coll, asistió mucha gente: Sus padres, que venían de la mano, sonrientes, su hermano Piolín, su suegra disfrazada de sofá, su tío Evaristo, que cada vez perdía más pelo y lo disimulaba poniéndose un nido de pájaros en la cabeza, todos sus primos y amigos, y la familia real: los hermanos de Anna.


Su hermana Carmen llevaba a su lado a su hijo que parecía una bolita pelirroja. En el convite, volvió a ver al Duende, y como ya era costumbre, fue a pedirle un favor, esta vez, sin embargo, más temeroso de lo que pudiera pedirle a cambio. El Duende le pidió, a cambio de que su hija se convirtiera en una princesa tan bella como su madre, un favor demasiado grande: el Duende quería su corazón.


Manuel se negó y el Duende, airado, le dijo que entonces su hija se convertiría en una bruja que siempre le llevaría la contraria.


No lo volvió a ver nunca más.


Se le pasó pronto el miedo porque en ese momento llegó al lavabo corriendo su suegra disfrazada de señor con bigote y le dijo que fuera corriendo al comedor, que sus padres tenían una noticia importante a anunciar.


Y allí estaban, de pie, anunciando que les había tocado un viaje en globo alrededor del mundo, y que irían al día siguiente. Y todo el mundo se sintió feliz por ellos y aplaudió, y Manuel se olvidó completamente del Duende.


Cinco años después, cuando Elia aún era una niña muy tranquila y Dani aún no había dicho su primera palabra (aunque, no se sabía cómo, todo el mundo sabía lo que le pasaba por la cabeza), su madre volvió del viaje, un poco triste.

"Manuel, Santi, no os pongais tristes por lo que tengo que decir ahora: vuestro padre no volverá. Cuando estábamos en el Tíbet, una fuerte ráfaga de viento  desequilibró el globo, y fuimos a caer justo delante de un grupo de monjes. Yo me hice daño en la espalda, pero a vuestro padre no le pasó nada. Nos ofrecieron ayuda y la aceptamos. Pasé tres semanas en la cama, con todos aquellos hombres cuidando de mí.
Su padre, curioso por naturaleza, no podía dejar de investigar cómo vivían aquellos monjes, y se hizo tan amigo de todos, que pronto le pidieron que los arreglara una radio vieja que se había dejado un escalador, que les enseñara a bailar sardanas ... total, que cuando yo ya estaba recuperada, él no quiso irse. Dijo que ya erais bastante mayores y que yo era lo suficientemente fuerte, y que no nos pasaría nada ".

Manuel, triste, deseó no haber hecho enfadar aquella vez al Duende, porque lo único que quería ahora era poder volver a ver a su padre y saber que estaba bien.


Pero no apareció.


Vigilaba atentamente la caja del dinero esperando verlo aparecer para llevárselos, pero cuando parpadeaba ya no estaban.


Pasó el tiempo y, aunque por fuera era un hombre bueno y agradable, por dentro empezó a cambiar: el trabajo lo quemaba, la militancia en los Verdes (un grupo de teatro con el que se disfrazaban de superhéroes ecologistas) no servía de nada.


Casi ni tenía tiempo para ver cómo crecían sus hijos. Decidió hacer un cambio brusco. Con el tiempo, consiguió poco a poco ser su propio dueño.

Cuando Dani y Elia ya iban al instituto, creó, junto con un amigo suyo conductor de carros alados, su empresa, MATE. Fue como una lucecita con la que poco a poco iban desvaneciéndose los recuerdos malos.

Nadie en casa se ​​sorprendió que Elia quisiera estudiar en la Facultad de Magia, ni que Dani comenzara a desarrollar telequinesis para coger las magdalenas del desayuno.


Anna y él estaban muy orgullosos de sus hijos, aunque con una discutieran mucho y con el otro no hubiera manera de hacer que hablara.


De repente, un día, el corazón de Manuel empezó a hacerle daño, y todas aquellas cosas olvidadas salieron a la luz. Se sentía triste y no sabía por qué. Y se puso enfermo.


Elia lo escuchó por casualidad hablando en sueños sobre el Duende. Al día siguiente, desayunando, se lo comentó. Manuel se sonrojó, y fue entonces cuando su familia descubrió su secreto.


Les explicó todo: Desde el día de la comunión hasta el bautizo de Elia, y los miedos que había tenido, y los deseos que había pedido.


-Pues qué suerte que no diste el corazón, papa, qué "chorrada", yo hubiera querido ser bruja igualmente

-Y A LA IAIA SIGUE SIN GUSTARLE COMO LLEVAS EL PELO-dijo Dani, telepáticamente.

- ¿Me estás diciendo que te crees que yo sólo te dije que sí por no sé qué poderes de un bicho que te ha estado haciendo mal todo este tiempo? ¡Qué tontería! ¡Ni se me hubiera ocurrido abandonarte a la boda, tonto!


Manuel dudaba. No tenía claro después de todo si aquel demonio de Duende tenía aquellos poderes que decía tener.


Y, de repente, se sintió un poco mejor.


-Mmm ¡Espera! Me parece que he leído sobre ello. Papa, ábrete la camisa un momento. Elia puso un dedo sobre el pecho de Manuel y, poco a poco, como a cámara lenta, salió una piedra puntiaguda que cayó sobre la mesa.


-Ajá, parece que lo que estudié sirvió para algo. Os lo cuento?

Todos escucharon, entre sorprendidos y aburridos porque las brujas no saben explicar las cosas sin pensar que todos saben lo que ellas saben, la teoría de Elia.


Según ella, ese Duende, el día de su comunión, puso una pequeña parte de él en el corazón de Manuel. Y fue creciendo a medida que él creía en sus poderes, pero cuando le negó el último favor, desapareció. Por lo menos, la parte visible.


Aquel Duende, sólo era en tanto que Manuel le daba poder.


Si hubiera continuado dándole, se habría apoderado de su cuerpo y se habría convertido en su dueño. Pero a medida que hizo su vida y se fue olvidando de él, fue perdiendo fuerza.


-Supongo que esta depresión es fruto de una punzada de la parte que estaba dentro de ti. Pero mira, no tiene nada que ganar. En realidad, todas estas cosas las conseguiste tú. Si no, ¿qué hace que ahora estés mirando el anillo y la púa? ¿Qué más da que ahora tengas de nuevo el corazón medio afuera? ¿Estás de acuerdo conmigo, ahora, de que tú eres tu propio dueño? 

Por cierto, Papa, ni me acordaba ... Feliz cumpleaños!

El cigronet i el follet - Un conte d'aniversari

Hi havia una vegada, concretament un 25 d'Agost de 1964, que va néixer sense voler un nen molt especial. Els metges no havien vist mai res semblant i van pensar que moriria: el seu cor era el doble de gran que el dels altres nens, tant, que li sobresortia del pit. Però no va morir, no. 

El dia que va néixer, la seva mare Isabelita i el seu pare Josepet van decidir que s'estimarien aquell nen tingués la forma que tingués, li dirien Manelet i el convertirien en un home bo. 

A mesura que s'anava fent gran alt i fort, el nen, a qui els seus pares i amics anomenaven irònicament “Manelet el Cigronet”, juntament amb el seu germà petit, a qui deien “Santiaguito Piolín” es va fer famós a l'escola per la seva intel•ligència i bon sentit de l'humor. 
De vegades, els altres nens reien quan veien que sota el pit de la samarreta s'endevinava alguna forma estranya i això feia que en Manelet s'entristís una mica però en Piolín no li donava temps per pensar en els altres, entre els dos planejaven i feien moltes entremaliadures. 

El dia de la seva primera comunió, mentre els seus pares ballaven i en Piolín estava discutint amb els cambrers sobre el sentit de la existència dels cacahuets, en Manelet va veure com un ésser diminut passejava per entre les cadires i les taules tot robant menjar, i quan va notar que l'estava mirant, va fugir per una porta cap als lavabos. En Manelet, encuriosit, el va seguir. 

Quan el va trobar, el va veure assegut sobre una tassa de vàter, comptant tots els tresors que havia aconseguit. No va fugir d'ell en veure'l, sinó que se'l va quedar mirant. Els seus ullets eren curiosos i cobdiciosos, i es van quedar aturats una estona en la seva mà esquerra. “Hola noi”- va dir- “Sóc el Follet dels Desitjos. Puc fer qualsevol desig realitat si em dones un bon tresor a canvi”. Al principi, en Manelet, no s'ho va creure. 

Però parlant i parlant, al final, el Follet el va convèncer. Era prou gran com per raonar, i li va demanar al Follet que li amagués el cor per tal que la gent no es rigués més de la forma curiosa del seu pit. I, dit i fet, el Follet va posar una mà al pit d'en Manelet i aquell cor es va moure d'una manera dins del cos que ja mai més es veuria a primera vista. A canvi, va donar al Follet l'anell d'or que habia rebut aquell mateix dia. Varen passar uns anys i en Manelet va convertir-se en Manel

En Manel era un noi normal, si no tenim en compte que, juntament amb en Santi (ja ningú s'atrevía a dir-li Piolín excepte en Manel), eren els nois més alts del barri i, potser, de la ciutat. A la seva època d'institut, va començar a desenvolupar dues passions: l'esport i la música. Amb una colla d'amics jugava a bàsquet i encara que no guanyéssin sempre, s'ho passava molt bé. A més, amb uns petits estalvis que tenia es va comprar una guitarra amb la que intentava enamorar les noies del barri tocant el “Romance Anónimo” (Encara que només enamorava a la seva mare Isabelita). 

Però l'institut no era el que volia. Tenia ganes de ser independent, de poder comprar-se coses, ser l'amo de la seva vida. Volia una feina. 

El Follet va tornar a aparèixer per aconseguir els seus somnis. Aquest cop li va dir que havia de renunciar a viure les seves passions, si volia tenir una feina. 

Així que, com a mostra de sacrifici, li va demanar la pua de la seva guitarra. Ell s'encarregaria de saber si li feia cas o no. 

En poc temps, en Manel treballava a la Caixa de Terrassa. Les estones que tenia lliures les passava en bona companyia. El cert és que, encara que tingués el cor ben amagat, en Manel tenia tanta cara de bona persona que ningú podia desconfiar d'ell, i feia molts i molt bons amics. 

De vegades sortia per les nits amb colles diferents: alguns de l'institut, altres de l'escola, altres que eren amics d'amics i s'havien fet més amics... 

Un dia, el seu amic Manolín va aconseguir que la colla pogués entrar al castell en el que es celebrava el Ball de Princeses. 

En Manel es va fixar en... en totes, però la que més li va cridar la atenció era una que lluïa un vestit blau, que no parava de riure amb les seves amigues i que, quan es va adonar-se de que l'estava mirant, en comptes de girar-li la cara com quasi totes, va somriure-li amb timidesa. En aquell moment, el seu cor, que ja era gran, es va inflar com un paó. Li va preguntar a un dels convidats el nom d'aquella princesa i aquest, mirant-lo amb fàstig¡ perquè ni en Manel ni els seus amics anaven ben vestits per una festa de gala, li va dir que aquella era la princesa Anna, filla del rei de Roma. 

Quan els balls van començar, en Manel es va fixar que el Follet dels Desitjos es passejava per sota les faldilles de les princeses, i el va començar a perseguir fent el ridícul més gran que havia fet fins ara: aixecant faldilles, ajupint-se sota les taules fent caure el sopar per tot arreu... Finalment el va enxampar, com no podia ser d'una altra manera, als lavabos del castell. 

Va demanar-li, siusplau, que li aconseguís el desig de conquistar la princesa Anna, que faria el que fos, li donaria qualsevol tresor que volgués. El Follet, somrient, va dir: “Manelet, Cigronet, quant de temps sense veure't, i ara em demanes quelcom molt més difícil que l'últim cop. Està bé, accepto el tracte. Ara no vull res de tu, però quan vulgui, vindré i et demanaré un favor i no podràs dir-me que no”. 

En Manel, ja més segur de si mateix, va córrer cap a la pista de ball on era la princesa i, apartant bruscament a una noia del seu costat, va mirar-la als ulls i li va demanar de “sortir” amb ell. Els ulls esbatanats de la princesa el miràven amb sorpresa i una mica de por, i com que tothom els mirava, va posar-se vermella i va fugir cap al jardí del castell. 

En Manel, irat perquè el Follet no havia complert el seu desig i perquè tothom havia vist el ridícul que havia fet, va decidir marxar de la festa. Quan estava a punt d'agafar la seva Vespino, va notar que algú el mirava. Es va girar, i a uns tres metres d'ell, mig amagada, estava la princesa Anna, que es va enrojolir quan va veure que la mirava. No cal dir que n'Anna li va dir que sí, i durant un bon temps van ser la parella més maca de tota la ciutat. 

Un temps després, el dia del seu casament, el Follet va tornar. En Manel havia anat a fer pipí i volia anar ràpidament a la pista de ball amb la seva dona, però el Follet no el va deixar: “On vas, Cigronet?” -Li va dir - “Tenim un compte pendent, tu i jo. Si no vols que la princesa Anna abandoni la festa i no torni a veure't mai més, m'hauràs de tornar el favor que et vaig fer. Aquest cop, ja tens una bona feina a la caixa. Vull diners. Vull que em donis sempre un 20% del que cobris al mes, ho deixaràs en una capseta vora la llar de foc, i ho recolliré quan no hi siguis”. 

És clar, el pobre Manel ja no podia fer-se enrere. Estimava l'Anna com no havia estimat mai ningú, i només el fet de pensar que l'abandonaria li feia tant de mal el pit que pensava que d'un moment a un altre cauria mort. Així que els anys següents varen passar amb menys diners del que guanyava, però sense que els manqués de res. 

Van anar a viure al castell de la princesa Anna (en Manel es va sorprendre en veure tants posters d'els Beatles en un castell) i anaven cada diumenge al Sosiego a menjar paella amb els pares d'en Manel i en Santi. Passats uns anys del casament, i després de descobrir que la seva sogra era en realitat una espia internacional que havia estat empresonada per tràfic de receptes de cuina, en Manel i l'Anna van tenir una filla i després un fill. 

Ella va heretar la passió dels seus pares per la música, i ell va créixer i créixer i créixer fins esdevenir un molt bon jugador de bàsquet, ja que els seus poders telepàtics feien que no li calgués parlar per tal que els altres jugadors sabessin què volia fer. 

Es deien Èlia i Dani. El dia del bateig de l'Èlia, a Can Coll, va assistir molta gent: Els seus pares, que venien de la mà, somrients, el seu germà Piolín, la seva sogra disfressada de sofà, el seu tiet Evaristo, que cada cop perdia més pèl i ho dissimulava posant-se un niu d'ocells al cap, tots els seus cosins i amics, i la família reial: els germans de l'Anna

La seva germana Carmen portava al seu costat els seu fill que semblava una boleta pèl-roja. Al convit, va tornar a veure el Follet, i com ja era costum, va anar a demanar-li un favor, aquest cop, però, més temerós del que pogués demanar-li a canvi. El Follet li va demanar, a canvi que la seva filla es convertís en una princesa tan bella com la seva mare, un favor massa gran: el Follet volia el seu cor. 

En Manel es va negar i el Follet, irat, li va dir que llavors la seva filla es convertiria en una bruixa que sempre li portaria la contrària. 

No el va tornar a veure mai més.

Se li va passar aviat la por perquè en aquell moment va arribar al lavabo corrents la seva sogra disfressada de senyor amb bigoti i li va dir que anés corrent al menjador, que els seus pares tenien una notícia important a anunciar. 

I allà estaven, dempeus, anunciant que els havia tocat un viatge al voltant del món en globus, i que marxarien al dia següent. I tothom va sentir-se feliç per ells i va aplaudir, i en Manel es va oblidar completament del Follet

Cinc anys després, quan l'Èlia encara era una nena molt tranquil•la i el Dani encara no havia dit la seva primera paraula (tot i que, no se sabia com, tothom sabia què li passava pel cap), la seva mare va tornar del viatge, una mica trista. 

Manel, Santi, no us poseu tristos pel que he de dir ara: el vostre pare no tornarà. Quan érem al Tibet, va venir una forta ventada que ens va desequil•librar el globus, i vam anar a caure just davant d'un grup de monjos. Jo em vaig fer mal a l'esquena, però al vostre pare no li va passar res. Ens van oferir ajuda i la vam acceptar. Vaig passar tres setmanes al llit, amb tots aquells homes tenint cura de mi. 
El vostre pare, cul inquiet de mena, no podia estar-se de xafardejar com vivien aquells monjos, i va fer-se amic de tots, que aviat li van demanar que els arreglés una ràdio vella que s'havia deixat un escalador, que els ensenyés a ballar sardanes... total, que quan jo ja estava recuperada, ell no va voler marxar. Va dir que ja éreu prou grans i que jo era prou forta, i que no ens passaria res”. 

En Manel, trist, va desitjar no haver fet enfadar aquell cop al Follet, perque l'únic que volia ara era poder tornar a veure al seu pare i saber que estava bé. 

Però no va aparèixer. 

Vigilava sempre la capsa dels diners esperant veure'l aparèixer per endur-se'ls, però quan parpellejava ja no hi eren. 

Va passar el temps i, encara que per fora era un home bo i agradable, per dins va començar a canviar: la feina el cremava, la militància als Verds (un grup de teatre amb el que es disfressava de superherois ecologistes) no servia de res. 

Quasi ni tenia temps per veure com creixien els seus fills. Va decidir fer un canvi brusc. Amb el temps, va aconseguir a poc a poc ésser el seu propi amo. 

Quan el Dani i l'Èlia ja anàven a l'institut, va crear, juntament amb un amic seu conductor de carros alats, la seva empresa, MATE. Va ser com una llumeneta que a poc a poc anava esvaïnt els records dolents. 

Ningú a casa es va sorprendre que l'Èlia volgués estudiar a la Facultat de Màgia, ni que en Dani comencés a desenvolupar telequinesi per agafar les magdalenes de l'esmorzar. 

L'Anna i ell estaven molt orgullosos dels seus fills, encara que amb una discutissin molt i amb l'altre no hi hagués manera de fer que parlés. 

De sobte, un dia, el cor del Manel va començar a fer-li mal, i totes aquelles coses oblidades van sortir a la llum. Se sentia trist i no sabia per què. I es va posar malalt. 

L'Èlia el va escoltar de casualitat parlant en somnis sobre el Follet. Al dia següent, esmorzant, li ho va comentar. En Manel es va posar tot vermell, i va ser llavors quan la seva família va descobrir el seu secret. 

Els hi va explicar tot: Des d'el dia de la comunió fins el bateig de l'Èlia, i les pors que havia tingut, i els desitjos que havia demanat. 

-Doncs quina sort que no vas donar-li el cor, papa, quina “xorrada”, jo hagués volgut ser bruixa igualment 

-I A LA IAIA SEGUIRIA SENSE AGRADAR-LI COM PORTES EL CABELL -Va dir el Dani, telepàticament. 

-¿M'estàs dient que et creus que jo només et vaig dir que sí per no sé quins poders d'un bitxo que t'ha estat fent mal tot aquest temps? ¡Quina bajanada! ¡Ni se m'hagués ocorregut abandonar-te al casament, tonto! 

En Manel dubtava. No tenia clar després de tot si aquell dimoni de Follet tenia aquells poders que deia tenir. 

I, de cop, es va sentir una mica millor. 

-Mmm ¡Espereu! Em sembla que he llegit sobre això. Papa, obre't la camisa un moment. L'Èlia va posar un dit sobre el pit del Manel i, a poc a poc, com a càmera lenta, va sortir una pedra punxeguda que va caure sobre la taula.


-Vés per on, sembla que el que estudio serveix per alguna cosa. Us ho explico? 

Tots varen escoltar, entre sorpresos i avorrits perquè les bruixes no saben explicar les coses sense pensar que tots saben el que elles saben, la teoria de l'Èlia

Segons ella, aquell Follet, el dia de la seva comunió, va posar una petita part d'ell dins el cor d'en Manel. I va anar creixent a mesura que ell creia en els seus poders, però quan li va negar l'últim favor, va desaparèixer. Si més no, la part visible. 

Aquell Follet només n'era en tant que en Manel li donava poder. 

Si hagués continuat donant-li, s'hauria apoderat del seu cos i s'hauria convertit en el seu amo. Però a mesura que va fer la seva vida i es va anar oblidant d'ell, va anar perdent força. 

-Suposo que aquesta depressió és fruit d'una fiblada de la part seva que era dins teu. Però mira, no té res a guanyar. En realitat, totes aquestes coses les vas aconseguir tu. Si no, ¿què hi fa que ara estiguis mirant l'anell i la pua? ¿Què més dóna que ara tinguis un altre cop el cor mig enfora? ¿Estàs d'acord amb mi, ara, de que tu ets el teu propi amo? Per cert, Papa, no ho recordava... Feliç aniversari!