Erase una vez, concretamente un 25 de Agosto de 1964, que nació sin querer un niño muy especial. Los médicos no habían visto jamás nada igual y pensaron que moriría: su corazón era el doble de grande que el de los otros niños, tanto, que le sobresalía del pecho. Pero no murió, no.
El día que nació, su madre Isabelita y su pare Josepet decidieron que amarían a aquel niño tuviera la forma que tuviera, lo llamarían Manolito y lo convertirían en un hombre bueno.
A medida que se iba haciendo grande alto y fuerte, el niño, a quien sus padres y amigos llamaban irónicamente “Manolito el Garbancito”, juntamente con su hermano pequeño, a quien llamaban “Santiaguito Piolín” se hizo famoso en la escuela por su inteligencia y buen sentido del humor.
A veces, los otros niños se reían cuando veían que, bajo el pecho de su camiseta se adivinaba alguna forma extraña y eso hacía que Manolito entristeciera un poco, pero Piolín no le daba tiempo a pensar en los demás, entre los dos planeaban y hacían muchas travesuras.
El día de su primera comunión mientras sus padres bailaban y Piolín estaba discutiendo con los camareros sobre el sentido de la existencia de los cacahuetes, Manolito vio como un ser diminuto paseaba por entre las sillas y las mesas robando comida, y, cuando notó que lo estaba mirando, huyó por una puerta hacia los lavabos. Manolito, curioso, lo siguió.
Cuando lo encontró, lo vio sentado sobre una taza de váter contando todos los tesoros que había conseguido. No huyó de él al verlo, sino que se lo quedó mirando. Sus ojitos eran curiosos y codiciosos, y se fijaron un rato en su mano izquierda. "Hola muchacho" - dijo-"Soy el Duende de los Deseos. Puedo hacer cualquier deseo realidad si me das un buen tesoro a cambio ". Al principio, Manolito, no se lo creyó.
Pero hablando y hablando, al final, el Duende le convenció. Era lo suficientemente mayor como para razonar, y le pidió al Duende que le escondiera el corazón para que la gente no se riera más de la forma curiosa de su pecho. Y, dicho y hecho, el Duende puso una mano en el pecho de Manolito y aquel corazón se movió de una manera dentro del cuerpo que ya nunca más se vería a simple vista. A cambio, dio al Duende el anillo de oro que había recibido ese mismo día. Pasaron unos años y Manolito se convirtió en Manuel.
Manuel era un chico normal, si no tenemos en cuenta que, junto con Santi (ya nadie se atreve a llamarle Piolín excepto Manuel), eran los chicos más altos del barrio y, quizás, de la ciudad.
En su época de instituto, comenzó a desarrollar dos pasiones: el deporte y la música. Con un grupo de amigos jugaba a baloncesto y aunque no ganaba siempre, lo pasaba muy bien. Además, con unos pequeños ahorros que tenía se compró una guitarra con la que intentaba enamorar las chicas del barrio tocando el "Romance Anónimo" (Aunque sólo enamoraba a su madre Isabelita).
En su época de instituto, comenzó a desarrollar dos pasiones: el deporte y la música. Con un grupo de amigos jugaba a baloncesto y aunque no ganaba siempre, lo pasaba muy bien. Además, con unos pequeños ahorros que tenía se compró una guitarra con la que intentaba enamorar las chicas del barrio tocando el "Romance Anónimo" (Aunque sólo enamoraba a su madre Isabelita).
Pero el instituto no era lo que quería. Tenía ganas de ser independiente, de poder comprarse cosas, ser el dueño de su vida. Quería un trabajo.
El Duende volvió a aparecer para lograr sus sueños. Esta vez le dijo que tenía que renunciar a vivir sus pasiones, si quería tener un trabajo.
Así que, como muestra de sacrificio, le pidió la púa de su guitarra. Él se encargaría de saber si le hacía caso o no.
En poco tiempo, Manuel trabajaba en la Caja de Terrassa. Los ratos que tenía libres los pasaba en buena compañía. Lo cierto es que, aunque tuviera el corazón bien escondido, Manuel tenía tanta cara de buena persona que nadie podía desconfiar de él, y hacía muchos y muy buenos amigos.
A veces salía por las noches con grupos diferentes: algunos del instituto, otros de la escuela, otros que eran amigos de amigos y se habían hecho más amigos ...
Un día, su amigo Manolín consiguió que el grupo pudiera entrar en el castillo en el que se celebraba el Baile de Princesas.
Así que, como muestra de sacrificio, le pidió la púa de su guitarra. Él se encargaría de saber si le hacía caso o no.
En poco tiempo, Manuel trabajaba en la Caja de Terrassa. Los ratos que tenía libres los pasaba en buena compañía. Lo cierto es que, aunque tuviera el corazón bien escondido, Manuel tenía tanta cara de buena persona que nadie podía desconfiar de él, y hacía muchos y muy buenos amigos.
A veces salía por las noches con grupos diferentes: algunos del instituto, otros de la escuela, otros que eran amigos de amigos y se habían hecho más amigos ...
Un día, su amigo Manolín consiguió que el grupo pudiera entrar en el castillo en el que se celebraba el Baile de Princesas.
Manuel se fijó en ... en todas, pero la que más le llamó la atención era una que lucía un vestido azul, que no paraba de reír con sus amigas y que, cuando se dio cuenta de que la estaba mirando, en vez de girar la cara como casi todas, le sonrió con timidez. En ese momento, su corazón, que ya era grande, se hinchó como un pavo real. Le preguntó a uno de los invitados el nombre de aquella princesa y éste, mirándolo con asco, porque ni Manuel ni sus amigos iban bien vestidos para una fiesta de gala, le dijo que aquella era la princesa Ana, hija del rey de Roma.
Cuando los bailes comenzaron, Manuel se fijó que el Duende de los Deseos se paseaba por debajo de las faldas de las princesas, y lo empezó a perseguir haciendo el ridículo más grande que había hecho hasta ahora: levantando faldas, agachándose bajo las mesas haciendo caer la cena por todas partes ... Finalmente le pilló, como no podía ser de otra manera, en los lavabos del castillo.
Cuando los bailes comenzaron, Manuel se fijó que el Duende de los Deseos se paseaba por debajo de las faldas de las princesas, y lo empezó a perseguir haciendo el ridículo más grande que había hecho hasta ahora: levantando faldas, agachándose bajo las mesas haciendo caer la cena por todas partes ... Finalmente le pilló, como no podía ser de otra manera, en los lavabos del castillo.
Le pidió, por favor, que le concediera el deseo de conquistar la princesa Ana, que haría lo que fuera, le daría cualquier tesoro que quisiera. El Duende, sonriendo, dijo: "Manolito, Garbancito, cuánto tiempo sin verte, y ahora me pides algo mucho más difícil que la última vez. Está bien, acepto el trato. Ahora no quiero nada de ti, pero cuando quiera, vendré y te pediré un favor y no podrás decirme que no ".
Manuel, ya más seguro de sí mismo, corrió hacia la pista de baile donde estaba la princesa y, apartando bruscamente a una chica de su lado, miró a los ojos y le pidió para "salir" con él. Los ojos, abiertos como platos de la princesa, lo miraba con sorpresa y algo de miedo, y como todo el mundo los miraba, se ruborizó y huyó hacia el jardín del castillo.
Manuel, irritado porque el Duende no había cumplido su deseo y porque todo el mundo había visto el ridículo que había hecho, decidió irse de la fiesta. Cuando estaba a punto de coger su Vespino, notó que alguien lo miraba. Se volvió, ya unos tres metros de él, medio escondida, estaba la princesa Ana, que se sonrojó cuando vio que la miraba. No hace falta decir que Ana le dijo que sí, y durante mucho tiempo fueron la pareja más bonita de toda la ciudad.
Manuel, ya más seguro de sí mismo, corrió hacia la pista de baile donde estaba la princesa y, apartando bruscamente a una chica de su lado, miró a los ojos y le pidió para "salir" con él. Los ojos, abiertos como platos de la princesa, lo miraba con sorpresa y algo de miedo, y como todo el mundo los miraba, se ruborizó y huyó hacia el jardín del castillo.
Manuel, irritado porque el Duende no había cumplido su deseo y porque todo el mundo había visto el ridículo que había hecho, decidió irse de la fiesta. Cuando estaba a punto de coger su Vespino, notó que alguien lo miraba. Se volvió, ya unos tres metros de él, medio escondida, estaba la princesa Ana, que se sonrojó cuando vio que la miraba. No hace falta decir que Ana le dijo que sí, y durante mucho tiempo fueron la pareja más bonita de toda la ciudad.
Pasado un tiempo, el día de su boda, el Duende regresó. Manuel había ido a hacer pis y quería ir rápidamente a la pista de baile con su mujer, pero el Duende no le dejó: "¿Dónde vas, Garbancito?"-Le dijo - "Tenemos una cuenta pendiente, tú y yo . Si no quieres que la princesa Ana abandone la fiesta y no vuelva a verte nunca más, me tendrás que devolver el favor que te hice. Esta vez, ya tienes un buen trabajo en la caja. Quiero dinero. Quiero que me des siempre un 20% de lo que cobres al mes, lo dejarás en una cajita cerca de la chimenea, y lo recogeré cuando no estés ".
Claro, el pobre Manuel ya no podía echarse atrás. Amaba a Ana como no había querido a nadie, y sólo el hecho de pensar que la abandonaría le hacía tanto daño en el pecho que pensaba que de un momento a otro caería muerto. Así que los años siguientes pasaron con menos dinero del que ganaba, pero sin que les faltase de nada.
Fueron a vivir al castillo de la princesa Ana (Manuel se sorprendió al ver tantos posters de los Beatles en un castillo) e iban cada domingo al Sosiego a comer paella con los padres de Manuel y Santi. Pasados unos años de la boda, y tras descubrir que su suegra era en realidad una espía internacional que había sido encarcelada por tráfico de recetas de cocina, Manuel y Ana tuvieron una hija y luego un hijo.
Claro, el pobre Manuel ya no podía echarse atrás. Amaba a Ana como no había querido a nadie, y sólo el hecho de pensar que la abandonaría le hacía tanto daño en el pecho que pensaba que de un momento a otro caería muerto. Así que los años siguientes pasaron con menos dinero del que ganaba, pero sin que les faltase de nada.
Fueron a vivir al castillo de la princesa Ana (Manuel se sorprendió al ver tantos posters de los Beatles en un castillo) e iban cada domingo al Sosiego a comer paella con los padres de Manuel y Santi. Pasados unos años de la boda, y tras descubrir que su suegra era en realidad una espía internacional que había sido encarcelada por tráfico de recetas de cocina, Manuel y Ana tuvieron una hija y luego un hijo.
Ella heredó la pasión de sus padres por la música, y él creció y creció y creció hasta convertirse en un muy buen jugador de baloncesto, ya que sus poderes telepáticos hacían que no necesitara hablar para que los otros jugadores supieran que quería hacer.
Se llamaban Elia y Dani. El día del bautizo de Elia, en Can Coll, asistió mucha gente: Sus padres, que venían de la mano, sonrientes, su hermano Piolín, su suegra disfrazada de sofá, su tío Evaristo, que cada vez perdía más pelo y lo disimulaba poniéndose un nido de pájaros en la cabeza, todos sus primos y amigos, y la familia real: los hermanos de Anna.
Su hermana Carmen llevaba a su lado a su hijo que parecía una bolita pelirroja. En el convite, volvió a ver al Duende, y como ya era costumbre, fue a pedirle un favor, esta vez, sin embargo, más temeroso de lo que pudiera pedirle a cambio. El Duende le pidió, a cambio de que su hija se convirtiera en una princesa tan bella como su madre, un favor demasiado grande: el Duende quería su corazón.
Manuel se negó y el Duende, airado, le dijo que entonces su hija se convertiría en una bruja que siempre le llevaría la contraria.
No lo volvió a ver nunca más.
Se le pasó pronto el miedo porque en ese momento llegó al lavabo corriendo su suegra disfrazada de señor con bigote y le dijo que fuera corriendo al comedor, que sus padres tenían una noticia importante a anunciar.
Y allí estaban, de pie, anunciando que les había tocado un viaje en globo alrededor del mundo, y que irían al día siguiente. Y todo el mundo se sintió feliz por ellos y aplaudió, y Manuel se olvidó completamente del Duende.
Cinco años después, cuando Elia aún era una niña muy tranquila y Dani aún no había dicho su primera palabra (aunque, no se sabía cómo, todo el mundo sabía lo que le pasaba por la cabeza), su madre volvió del viaje, un poco triste.
Se llamaban Elia y Dani. El día del bautizo de Elia, en Can Coll, asistió mucha gente: Sus padres, que venían de la mano, sonrientes, su hermano Piolín, su suegra disfrazada de sofá, su tío Evaristo, que cada vez perdía más pelo y lo disimulaba poniéndose un nido de pájaros en la cabeza, todos sus primos y amigos, y la familia real: los hermanos de Anna.
Su hermana Carmen llevaba a su lado a su hijo que parecía una bolita pelirroja. En el convite, volvió a ver al Duende, y como ya era costumbre, fue a pedirle un favor, esta vez, sin embargo, más temeroso de lo que pudiera pedirle a cambio. El Duende le pidió, a cambio de que su hija se convirtiera en una princesa tan bella como su madre, un favor demasiado grande: el Duende quería su corazón.
Manuel se negó y el Duende, airado, le dijo que entonces su hija se convertiría en una bruja que siempre le llevaría la contraria.
No lo volvió a ver nunca más.
Se le pasó pronto el miedo porque en ese momento llegó al lavabo corriendo su suegra disfrazada de señor con bigote y le dijo que fuera corriendo al comedor, que sus padres tenían una noticia importante a anunciar.
Y allí estaban, de pie, anunciando que les había tocado un viaje en globo alrededor del mundo, y que irían al día siguiente. Y todo el mundo se sintió feliz por ellos y aplaudió, y Manuel se olvidó completamente del Duende.
Cinco años después, cuando Elia aún era una niña muy tranquila y Dani aún no había dicho su primera palabra (aunque, no se sabía cómo, todo el mundo sabía lo que le pasaba por la cabeza), su madre volvió del viaje, un poco triste.
"Manuel, Santi, no os pongais tristes por lo que tengo que decir ahora: vuestro padre no volverá. Cuando estábamos en el Tíbet, una fuerte ráfaga de viento desequilibró el globo, y fuimos a caer justo delante de un grupo de monjes. Yo me hice daño en la espalda, pero a vuestro padre no le pasó nada. Nos ofrecieron ayuda y la aceptamos. Pasé tres semanas en la cama, con todos aquellos hombres cuidando de mí.
Su padre, curioso por naturaleza, no podía dejar de investigar cómo vivían aquellos monjes, y se hizo tan amigo de todos, que pronto le pidieron que los arreglara una radio vieja que se había dejado un escalador, que les enseñara a bailar sardanas ... total, que cuando yo ya estaba recuperada, él no quiso irse. Dijo que ya erais bastante mayores y que yo era lo suficientemente fuerte, y que no nos pasaría nada ".
Manuel, triste, deseó no haber hecho enfadar aquella vez al Duende, porque lo único que quería ahora era poder volver a ver a su padre y saber que estaba bien.
Pero no apareció.
Vigilaba atentamente la caja del dinero esperando verlo aparecer para llevárselos, pero cuando parpadeaba ya no estaban.
Pasó el tiempo y, aunque por fuera era un hombre bueno y agradable, por dentro empezó a cambiar: el trabajo lo quemaba, la militancia en los Verdes (un grupo de teatro con el que se disfrazaban de superhéroes ecologistas) no servía de nada.
Casi ni tenía tiempo para ver cómo crecían sus hijos. Decidió hacer un cambio brusco. Con el tiempo, consiguió poco a poco ser su propio dueño.
Su padre, curioso por naturaleza, no podía dejar de investigar cómo vivían aquellos monjes, y se hizo tan amigo de todos, que pronto le pidieron que los arreglara una radio vieja que se había dejado un escalador, que les enseñara a bailar sardanas ... total, que cuando yo ya estaba recuperada, él no quiso irse. Dijo que ya erais bastante mayores y que yo era lo suficientemente fuerte, y que no nos pasaría nada ".
Manuel, triste, deseó no haber hecho enfadar aquella vez al Duende, porque lo único que quería ahora era poder volver a ver a su padre y saber que estaba bien.
Pero no apareció.
Vigilaba atentamente la caja del dinero esperando verlo aparecer para llevárselos, pero cuando parpadeaba ya no estaban.
Pasó el tiempo y, aunque por fuera era un hombre bueno y agradable, por dentro empezó a cambiar: el trabajo lo quemaba, la militancia en los Verdes (un grupo de teatro con el que se disfrazaban de superhéroes ecologistas) no servía de nada.
Casi ni tenía tiempo para ver cómo crecían sus hijos. Decidió hacer un cambio brusco. Con el tiempo, consiguió poco a poco ser su propio dueño.
Cuando Dani y Elia ya iban al instituto, creó, junto con un amigo suyo conductor de carros alados, su empresa, MATE. Fue como una lucecita con la que poco a poco iban desvaneciéndose los recuerdos malos.
Nadie en casa se sorprendió que Elia quisiera estudiar en la Facultad de Magia, ni que Dani comenzara a desarrollar telequinesis para coger las magdalenas del desayuno.
Anna y él estaban muy orgullosos de sus hijos, aunque con una discutieran mucho y con el otro no hubiera manera de hacer que hablara.
De repente, un día, el corazón de Manuel empezó a hacerle daño, y todas aquellas cosas olvidadas salieron a la luz. Se sentía triste y no sabía por qué. Y se puso enfermo.
Elia lo escuchó por casualidad hablando en sueños sobre el Duende. Al día siguiente, desayunando, se lo comentó. Manuel se sonrojó, y fue entonces cuando su familia descubrió su secreto.
Les explicó todo: Desde el día de la comunión hasta el bautizo de Elia, y los miedos que había tenido, y los deseos que había pedido.
-Pues qué suerte que no diste el corazón, papa, qué "chorrada", yo hubiera querido ser bruja igualmente
Nadie en casa se sorprendió que Elia quisiera estudiar en la Facultad de Magia, ni que Dani comenzara a desarrollar telequinesis para coger las magdalenas del desayuno.
Anna y él estaban muy orgullosos de sus hijos, aunque con una discutieran mucho y con el otro no hubiera manera de hacer que hablara.
De repente, un día, el corazón de Manuel empezó a hacerle daño, y todas aquellas cosas olvidadas salieron a la luz. Se sentía triste y no sabía por qué. Y se puso enfermo.
Elia lo escuchó por casualidad hablando en sueños sobre el Duende. Al día siguiente, desayunando, se lo comentó. Manuel se sonrojó, y fue entonces cuando su familia descubrió su secreto.
Les explicó todo: Desde el día de la comunión hasta el bautizo de Elia, y los miedos que había tenido, y los deseos que había pedido.
-Pues qué suerte que no diste el corazón, papa, qué "chorrada", yo hubiera querido ser bruja igualmente
-Y A LA IAIA SIGUE SIN GUSTARLE COMO LLEVAS EL PELO-dijo Dani, telepáticamente.
- ¿Me estás diciendo que te crees que yo sólo te dije que sí por no sé qué poderes de un bicho que te ha estado haciendo mal todo este tiempo? ¡Qué tontería! ¡Ni se me hubiera ocurrido abandonarte a la boda, tonto!
Manuel dudaba. No tenía claro después de todo si aquel demonio de Duende tenía aquellos poderes que decía tener.
Y, de repente, se sintió un poco mejor.
-Mmm ¡Espera! Me parece que he leído sobre ello. Papa, ábrete la camisa un momento. Elia puso un dedo sobre el pecho de Manuel y, poco a poco, como a cámara lenta, salió una piedra puntiaguda que cayó sobre la mesa.
- ¿Me estás diciendo que te crees que yo sólo te dije que sí por no sé qué poderes de un bicho que te ha estado haciendo mal todo este tiempo? ¡Qué tontería! ¡Ni se me hubiera ocurrido abandonarte a la boda, tonto!
Manuel dudaba. No tenía claro después de todo si aquel demonio de Duende tenía aquellos poderes que decía tener.
Y, de repente, se sintió un poco mejor.
-Mmm ¡Espera! Me parece que he leído sobre ello. Papa, ábrete la camisa un momento. Elia puso un dedo sobre el pecho de Manuel y, poco a poco, como a cámara lenta, salió una piedra puntiaguda que cayó sobre la mesa.
-Ajá, parece que lo que estudié sirvió para algo. Os lo cuento?
Todos escucharon, entre sorprendidos y aburridos porque las brujas no saben explicar las cosas sin pensar que todos saben lo que ellas saben, la teoría de Elia.
Según ella, ese Duende, el día de su comunión, puso una pequeña parte de él en el corazón de Manuel. Y fue creciendo a medida que él creía en sus poderes, pero cuando le negó el último favor, desapareció. Por lo menos, la parte visible.
Aquel Duende, sólo era en tanto que Manuel le daba poder.
Si hubiera continuado dándole, se habría apoderado de su cuerpo y se habría convertido en su dueño. Pero a medida que hizo su vida y se fue olvidando de él, fue perdiendo fuerza.
-Supongo que esta depresión es fruto de una punzada de la parte que estaba dentro de ti. Pero mira, no tiene nada que ganar. En realidad, todas estas cosas las conseguiste tú. Si no, ¿qué hace que ahora estés mirando el anillo y la púa? ¿Qué más da que ahora tengas de nuevo el corazón medio afuera? ¿Estás de acuerdo conmigo, ahora, de que tú eres tu propio dueño?
Por cierto, Papa, ni me acordaba ... Feliz cumpleaños!
Todos escucharon, entre sorprendidos y aburridos porque las brujas no saben explicar las cosas sin pensar que todos saben lo que ellas saben, la teoría de Elia.
Según ella, ese Duende, el día de su comunión, puso una pequeña parte de él en el corazón de Manuel. Y fue creciendo a medida que él creía en sus poderes, pero cuando le negó el último favor, desapareció. Por lo menos, la parte visible.
Aquel Duende, sólo era en tanto que Manuel le daba poder.
Si hubiera continuado dándole, se habría apoderado de su cuerpo y se habría convertido en su dueño. Pero a medida que hizo su vida y se fue olvidando de él, fue perdiendo fuerza.
-Supongo que esta depresión es fruto de una punzada de la parte que estaba dentro de ti. Pero mira, no tiene nada que ganar. En realidad, todas estas cosas las conseguiste tú. Si no, ¿qué hace que ahora estés mirando el anillo y la púa? ¿Qué más da que ahora tengas de nuevo el corazón medio afuera? ¿Estás de acuerdo conmigo, ahora, de que tú eres tu propio dueño?
Por cierto, Papa, ni me acordaba ... Feliz cumpleaños!