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lunes, 23 de noviembre de 2020

Cuando tomar un café es algo excepcional.

No seré yo quien emita sentencias a favor o en contra de los distintos gobiernos, de distintos colores y signos, que en los distintos países, hacen lo que quieren, pueden o les dejan, para campear lo mejor posible esta pandemia y sus efectos.

No obstante, si me parece razonable plantear algunas dudas. 

Y es que uno es muy de contacto, y muy poco de distancias... Aunque recorro algunas precisamente en busca de contacto, con gentes y personas de todo el globo. Y parece que nos quieran convencer de que a medio plazo (y ya sabemos que lo de corto, medio y largo es muy relativo) no vamos a poder dejarnos llevar por el instinto o los impulsos. "Cap fred" (Cabeza fría) reza una de las campañas institucionales que se ven en los medios en Catalunya.

Y entiendo que haya que tomar precauciones para no expandir y contagiar, pero me cuesta entender que con las mascarillas puestas, las manos desinfectadas y sin intercambiar fluidos de ningún tipo, no sea posible darse un abrazo. ¿Qué problema hay en que se toquen unas piezas de ropa que, en la mayoría de los casos van a ir a la lavadora y no a la boca?

Podríamos ir desgranando algunas de las prohibiciones y de los mensajes con que nos insisten desde los poderes públicos (y no tan públicos). Probablemente lo vaya haciendo en próximas entradas.

Hoy me apetecía deciros que, después de unas semanas bajando a buscar un café para llevar, hoy hemos podido volver a tomar café en la cafetería. Algo que no debería ser noticia por lo cotidiano, se ha convertido en tan excepcional que hasta resulta noticia.

Esperemos que invitar a un café a alguien a quien has dado un abrazo porque te apetece, vuelva a ser tan cotidiano como posible.

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