Apostar a todo o nada, una mala estrategia.
Valga como ejemplo el tema de los porcentajes de aforo en los pabellones o instalaciones deportivas. ¿Que tiene que ver el aforo por ejemplo de un pabellón donde se practica balonmano, voley, baloncesto o cualquier deporte de sala, con las necesidades para entrenar? Es decir, si se prohíbe el acceso al público dudo mucho que jamás se llegara a ninguno de esos límites. Tal vez es una vara de medir que no sirve. O por lo menos que no sirve para todo.
En la defensa del sector, quizá habría sido más inteligente separar la competición de la actividad.
Es cierto que para las Federaciones, si no hay competición se hace más difícil (si no imposible) justificar los ingresos que las mantienen y que provienen, en su mayoría de los equipos (clubs) que participan en ellas. Pero si en primer lugar hubieran puesto a estos clubs, y a los beneficiarios (jugador@s) de los mismos, la parte básica de generación de ingresos, las cuotas de estos a los clubs, se hubiera podido salvar en buena parte. Y finalmente, ni los clubs (ni las Administraciones Públicas) dejarían caer a las Federaciones.
Sólo deberían haber hecho eso y adaptar la situación de sus empleados (de las Federaciones) a la realidad de sus ingresos y actividades. Los ERTE en las Federaciones probablemente deberían haber sido mucho más contundentes.
Así, apostando por la actividad físico deportivo formativa, por la posibilidad de entrenar con TODAS las medidas y protocolos necesarios, y separándolo de una competición donde no parece ni posible ni razonable controlar esas medidas y protocolos, tal vez, y digo sólo tal vez hubiéramos convencido a los responsables de la Conselleria de Salut y a los miembros del PROCICAT para que nos dejaran JUGAR (entendiendo por jugar disfrutar de los entrenamientos).
Aún no es tarde...

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